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    Michelle se inscribirá en la variada historia de las Primeras Damas

    Michelle Obama se convirtió el martes en la Primera Dama de Estados Unidos, un puesto protocolario que cada inquilina de la Casa Blanca suele adaptar a su personalidad.

    La señora Obama ha anunciado que ante todo será una «primera mamá» para Malia, de 10 años, y Sasha, de 7, que se convierten en las primeras niñas de esa edad que ocupan la residencia presidencial desde la época de Kennedy.

    Según el equipo de transición, sus objetivos serán brindar apoyo a las familias de militares, ayudar a las mujeres que tratan de conciliar el trabajo y la familia, además de promover el trabajo voluntario. Sin embargo, en ciertos sectores se le atribuyen mayores aspiraciones.

    En la historia de Estados Unidos, destaca la trayectoria de Dolley Madison, esposa del cuarto presidente de Estados Unidos, James Madison, por ser la mujer que fusionó los aspectos político y protocolario de la función. Durante la guerra de 1812 contra los británicos arriesgó su vida tratando de salvar los tesoros simbólicos de la joven República durante el incendio de la Casa Blanca. Su heroísmo la transformó en un personaje épico.

    A mediados del siglo XIX, el carácter institucional de la función adquirió tanta importancia que la opinión pública nunca habría podido concebir la Casa Blanca sin su Primera Dama. Por ello Harriet Lane debió asumir ese papel durante el mandato de su tío, el presidente James Buchanan (1857-61), el único soltero que alcanzó la jefatura de Estado.

    Según los historiadores, Eleanor Roosevelt (1933-45) fue la más activa. Influyó para que Estados Unidos participara en la Segunda Guerra Mundial y fue presidenta de la comisión encargada de redactar la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que luego presentó en la tribuna de Naciones Unidas en 1948.

    Jacqueline Kennedy (1961-63) sedujo al mundo entero con su estilo, elegancia y encanto. Catorce años después de su muerte todavía figura como una de las Primeras Damas más populares entre los estadounidenses.

    Entre las esposas de presidentes que siguen en vida, Betty Ford (1974-77) provocó una controversia al declararse favorable a la decisión de la Corte Suprema de reconocer el derecho al aborto. Rosalyn Carter (1977-81) fue la enviada del presidente a varios países de América Latina. Nancy Reagan (1981-89) y Barbara Bush (1989-93) limitaron su papel al apoyo de obras de caridad.

    En el 2001, Hillary Clinton se convirtió en la primera ex Primera Dama elegida para el Senado. Actualmente fue designada para el cargo de Secretaria de Estado después de ser derrotada por Obama en las primarias demócratas. Durante el mandato de su marido, entre 1993 y el 2001, defendió sin éxito una reforma del seguro de salud.

    Laura Bush (2001-2009), antigua bibliotecaria, defendió la lectura infantil y dio apoyo a diferentes causas como la lucha contra enfermedades cardíacas de la mujer.